Manolo Hernández Douen
Bochy pregona el éxito de su mezcla de desahuciados e inadaptados, que se las han ingeniado para constituir un grupo compacto y ganador, luego de provenir –en algunos casos- de situaciones en las que sus respectivas carreras estaban en la cuerda floja.
Pero Bochy también estaba convencido desde hace bastante tiempo de que su novena tenía las herramientas para ganar.
“Sabía que teníamos un buen equipo desde que entrenamos en la primavera”, afirmó Bochy en la práctica de su plantel con miras a la Serie Mundial que arranca el miércoles en San Francisco.
Una de las razones para el optimismo de Bochy era, y es por supuesto, un hermético cuerpo de pitcheo, que ha probado ser una y otra vez el punto fuerte de esta novena de naranja y negro.
“Claro, necesitábamos ayuda y en eso debemos darle crédito a Brian [el gerente general Sabean] que buscó y encontró las piezas que nos hacían falta”, explicó el dirigente de los Gigantes. “Por ejemplo, López llegó proveniente de los Piratas de Pittsburgh justamente cuando nos urgía un relevista zurdo y ha hecho un trabajo formidable”.
Reforzar un equipo a media temporada no siempre se traduce en un saldo positivo. A veces los nuevos rostros pulverizan la química de un plantel. Para fortuna de los Gigantes ocurrió todo lo contrario.
“Me encanta cuando Bochy dice eso [desahuciados e inadaptados]”, comentó Ross, Jugador Más Valioso de la Serie de Campeonato de la Liga Nacional, a una pregunta de Béisbol por Gotas. “Varios fueron descartados por otros equipos, pero desde que llegué aquí [luego de ser puesto en waivers o lista de peloteros disponibles por los Marlins de la Florida] me di cuenta de que este es un grupo especial, donde todos dejan a un lado cualquier interés en beneficio de una meta común, que es la de ganar”.
Por supuesto, para que funcione el engranaje es necesario saber manejar cada pieza con la precisión de un cirujano, sin temor a herir susceptibilidades.
Bruce Bochy suele traer a colación a “Los 12 del patíbulo” al hablar de sus Gigantes de San Francisco, campeones de la Liga Nacional del 2010.
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Los Gigantes practican en San Francisco, escenario de los dos primeros juegos de la Serie Mundial frente a los Rangers. |
Aquella película de 1967 protagonizada por Lee Marvin tenía como temática a un grupo de convictos reunidos para eliminar a oficiales alemanes en la Segunda Guerra Mundial.
Bochy pregona el éxito de su mezcla de desahuciados e inadaptados, que se las han ingeniado para constituir un grupo compacto y ganador, luego de provenir –en algunos casos- de situaciones en las que sus respectivas carreras estaban en la cuerda floja.
Experimentados gladiadores del diamante como los jardineros Pat Burrell, Cody Ross y el dominicano José Guillén -fuera de los playoffs por una lesión-; y los efectivos relevistas Javier López y Ramón Ramírez, de Puerto Rico y la República Dominicana, respectivamente, han sido enormes integrantes de este grupo singular de peloteros que ha aportado sus granitos de arena para que los Gigantes estén en condiciones de definir los máximos honores del béisbol ante los Rangers de Texas.
Relegados al banco en algunos juegos bien importantes, pese a ser firmados en base a contratos multianuales, como el jardinero central Aaron Rowand y el paracorto colombiano Edgar Rentería, estos hombres no piensan en sus estadísticas personales ni en el ego merecido por haber sido ganadores de Series Mundiales, con tal de aportar su experiencia y su talento en situaciones clave.
Un caso especial es el del jardinero central puertorriqueño Andrés Torres, quien vino a encontrarse como pelotero titular a los 32 años de edad luego de encajar perfectamente en ese concepto de lo que es ser un desahuciado por el Béisbol de Lujo.
Pero Bochy también estaba convencido desde hace bastante tiempo de que su novena tenía las herramientas para ganar.
“Sabía que teníamos un buen equipo desde que entrenamos en la primavera”, afirmó Bochy en la práctica de su plantel con miras a la Serie Mundial que arranca el miércoles en San Francisco.
Una de las razones para el optimismo de Bochy era, y es por supuesto, un hermético cuerpo de pitcheo, que ha probado ser una y otra vez el punto fuerte de esta novena de naranja y negro.
“Claro, necesitábamos ayuda y en eso debemos darle crédito a Brian [el gerente general Sabean] que buscó y encontró las piezas que nos hacían falta”, explicó el dirigente de los Gigantes. “Por ejemplo, López llegó proveniente de los Piratas de Pittsburgh justamente cuando nos urgía un relevista zurdo y ha hecho un trabajo formidable”.
Reforzar un equipo a media temporada no siempre se traduce en un saldo positivo. A veces los nuevos rostros pulverizan la química de un plantel. Para fortuna de los Gigantes ocurrió todo lo contrario.
“Me encanta cuando Bochy dice eso [desahuciados e inadaptados]”, comentó Ross, Jugador Más Valioso de la Serie de Campeonato de la Liga Nacional, a una pregunta de Béisbol por Gotas. “Varios fueron descartados por otros equipos, pero desde que llegué aquí [luego de ser puesto en waivers o lista de peloteros disponibles por los Marlins de la Florida] me di cuenta de que este es un grupo especial, donde todos dejan a un lado cualquier interés en beneficio de una meta común, que es la de ganar”.
Por supuesto, para que funcione el engranaje es necesario saber manejar cada pieza con la precisión de un cirujano, sin temor a herir susceptibilidades.
No es fácil adoptar decisiones como la de sacar del roster a un previo ganador del Cy Young como lo es el zurdo Barry Zito o sentar a veteranos de la talla de Rowand y Rentería.
No es sencillo dejar en el banco a un titular como el tercera base venezolano Pablo Sandoval, un joven bien popular en San Francisco que tuvo una temporada de ensueño en el 2009.
Allí es donde Bochy hizo un trabajo enorme al jugar muy bien su ajedrez beisbolero.
No se parece al mayor John Reisman, personaje llevado a la pantalla por Marvin en “Los Doce del Pacífico”, en el sentido de que no tendrá que combatir en un conflicto bélico, pero su fructífera labor de guiar su buque con la precisión digna de un relojero suizo pertenece a una historia deportiva bien real, a diferencia de aquella creación del siempre imaginativo mundo de Hollywood.
Y tiene a todo el mundo contento que es lo más importante para que funcione una maquinaria.
“Lo primero es siempre el equipo y por eso estoy con la frente en algo, animando a mis compañeros en el terreno o en el dugout”, expresó Sandoval, quien posiblemente no alinee desde el principio en los dos primeros partidos frente a los abridores zurdos Cliff Lee y C.J. Wilson, pero que es un firme candidato a ser el bateador designado cuando la serie se traslade a Texas. “Lo más importante es jugar fuerte”.
El relevista dominicano Santiago Casilla, tan efectivo para el equipo después de haber firmado un contrato de liga menor poco antes de que diera inicio la temporada, es uno de esos casos de peloteros que han encontrado su oasis como elementos clave de la novena de San Francisco.
Lo que parecía una pesadilla, luego de que su porvenir beisbolero había quedado prácticamente en jaque al ser descartado por los Atléticos de Oakland, se ha traducido en una bendición para este humilde serpentinero de la tierra del merengue.
“Dios nos ha dado este chance que no han tenido muchos peloteros en toda su carrera”, expresó Casilla. “Nos sentimos bien contentos. Vamos a disfrutar de esta oportunidad, porque uno nunca sabe si se va a presentar de nuevo”.
Y es así como estos Gigantes moldeados en base a talento joven, como el promisorio receptor Buster Posey y extraordinario pitcheo, y refuerzos de calidad, llegan a la Serie Mundial con una misión cumplida como lo hicieron “Los Doce del Patíbulo” en la Pantalla Grande.
Hasta pronto y, por favor, nunca pierdan la esperanza.

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