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Bengie Molina se ha sabido ganar el respeto y la estima de sus lanzadores en todos los equipos en los que ha trabajado. |
Manolo Hernández Douen
Tener un buen cátcher es una experiencia que nunca olvida un pitcher. Contar con un receptor excelente es un recuerdo que dura para toda la vida.
Bengie Molina es uno de esos receptores tan especiales que rememorarlo es un enorme placer para los serpentineros con los que ha trabajado.
De ello, algunos de esos lanzadores, hoy convertidos en grandes figuras del Béisbol de Lujo, agradecen en grado sumo haber tenido a Molina detrás del plato.
El tema viene a la mente porque el gran pelotero de la Isla del Encanto, Puerto Rico, estaba a un paso de avanzar a la Serie Mundial con los Rangers de Texas con una enorme posibilidad de enfrentarse en el Clásico de Octubre a su equipo hasta hace un puñado de meses, los Gigantes de San Francisco.
“Definitivamente, él [Molina] me ha moldeado a ser un mejor pitcher”, comentó Lincecum, as del cuerpo de abridores de los Gigantes, a una pregunta de Béisbol por Gotas.
Lincecum agradecerá eternamente a Molina por la forma como lo guió hacia un par de Premios Cy Young ganados consecutivamente por el derecho de los Gigantes en el 2008 y 2009, sus dos primeras temporadas completas en las Ligas Mayores y con el boricua detrás del plato.
De hecho, Lincecum considera que el 50% de sus galardones se lo debe al mayor de los famosos hermanos receptores puertorriqueños.
“Trabajar con él, ayudándome a encontrarme con muchos de los lanzamientos que poseo, dándome la perspectiva de cómo van las cosas a lo largo de cada juego, a veces hasta de cada pitcheo”, rememoró Lincecum sobre algunas de las cosas que le agradece a Molina.
“El pedía los lanzamientos y yo era el que estaba de acuerdo”, explicó Lincecum. “Claro, yo tenía la última palabra, pero [no sé que habría sido]de no haber sido por él describiendo a todos los bateadores [rivales], sabiendo como le hacen swing a la bola como todo un veterano que conoce como la palma de su mano a prácticamente todos los que consumen turno en esta Liga”.
El estelar serpentinero no es el único que tiene mucho que agradecer a Molina, porque el boricua jugó un papel extraordinario en el progreso de varios lanzadores clave de San Francisco, incluyendo a los tres primeros integrantes de la rotación [Lincecum, el puertorriqueño Jonathan Sánchez y el cerrador Brian Wilson] y eso lo reconoce el alto mando del equipo californiano.
“Como el veterano que es hizo un gran trabajo ayudando a estos lanzadores a desarrollarse al punto a donde están ahora”, aseguró el manager de los Gigantes, el ex receptor Bruce Bochy. “Creo que Bengie merece mucho crédito por eso”.
El recuerdo de Molina es fresco para Lincecum, pero aún una estrella de la magnitud de Roy Halladay, baluarte del pitcheo de los Filis de Filadelfia, no puede olvidar el impacto que hizo en su pitcheo el boricua que fuera su compañero de batería en el 2006 con los Azulejos de Toronto.
“Bengie fue fenomenal”, afirmó Halladay. “Para mí, el fue como lo es ahora [el panameño] Carlos Ruiz, un receptor con mentalidad defensiva. Y obviamente él [Molina] ha sido bueno en ambos aspectos del juego, tanto a la defensiva como a la ofensiva.
“Es muy buen cátcher, muy bueno pidiendo los pitcheos, recibe la bola muy bien”, describió Halladay, quien en el 2010 se convirtió en el único pitcher de la historia capaz de lanzar un cotejo sin hit ni carreras tanto en la temporada [fue un juego perfecto] como en los playoffs [la Serie Divisional].
Halladay tiene un enorme aprecio por el trabajo que realiza Ruiz, pero no puede descartar la valía de la experiencia de trabajar con Molina en una temporada en la que figuró tercero en la votación por el Premio Cy Young de la Liga Americana.
“Fue definitivamente uno de los primeros receptores realmente buenos que he tenido”, puntualizó el sensacional abridor de los Filis.
No es primera vez que Molina logra adjetivos o premios sobresalientes por su trabajo.
Después de todo, ha ganado un par de trofeos Guante de Oro (2002 y 2003) por su pericia a la defensiva y fue el cátcher titular de los Angelinos de Anaheim –el suplente era su propio hermano, José- cuando esa novena ganó la que ha sido la única Serie Mundial en la historia de esa franquicia en el 2002.
Curiosamente, en aquella ocasión los Angels derrotaron a los Gigantes en la gran final beisbolera y pudiera darse el caso de que vuelve a medirse a San Francisco, esta vez con la franela de Texas.
Es más, pudiera producirse el caso de que Lincecum tenga que lanzarle a Molina.
“Me salvó muchas veces el físico decidiendo juegos al pegar jonrones sobre lanzamientos malos, conectando envíos raros fuera de la zona del strike”, recordó Lincecum. “No lo sé. A lo mejor se la tiro por el medio del plato a ver si me escapo de esa”.
Si se produce esa ocasión, Lincecum y Molina van a ser encarnizados rivales.
Sin embargo, al verse el uno frente al otro posiblemente intercambien una sonrisa, recordando aquellos días en los que pupilo y maestro hacían trizas de los artilleros rivales como batería de los Gigantes.
Hasta pronto y, por favor, nunca pierdan la esperanza.

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