Céspedes en un año crucial con los Atléticos

Manolo Hernández Douen


El talento siempre lo ha tenido, pero le faltaba demostrarlo en el Béisbol de Lujo.

Entró como un huracán a las Grandes Ligas, como pelotero de cinco herramientas.


De tremenda actuación en la postemporada de 2013, Yoenis Céspedes trabaja duro
 para tratar de ser un artillero más consistente a lo largo de 2014. (Foto cortesía de 
Michael Zagaris, Atléticos de Oakland).



Pero luego de una temporada con más bajas que altas en 2013 le toca demostrar ahora de manera consistente su enorme valor como pelotero de altos quilates.

Y por tratarse de su tercera campaña de un contrato por cuatro le urge probar en el terreno que puede ganarse el derecho a obtener un sueño: disfrutar de una carrera completa con los Atléticos de Oakland, la novena que le dio la oportunidad de saltar directamente de Cuba a la meca de la pelota.

Se trata por supuesto de Yoenis Céspedes, un arma de enorme valor en la alineación de Bob Melvin con miras a la temporada en la que Oakland aspira a un tricampeonato en el duro Oeste de la Liga Americana.

Tan importante es Céspedes para los Atléticos que la novena dirigida por Bob Melvin tuvo en 2012 marca de 82-46 en los juegos en los cuales él estuvo en la alineación abridora y de 12-22 cuando no figuraba en la misma. Bateó para .292, con 23 jonrones y 82 carreras impulsadas, y figuró de segundo en la votación del Novato del Año de la Liga Americana, superado apenas por el fenomenal Mike Trout, de los Angelinos de Anaheim.

En 2013 fue pilar de los Atléticos al promediar .381 en la Serie Divisional de la Liga Americana luego de que su porcentaje  en la campaña regular decayera a .240 y disparó más cuadrangulares (26) en una temporada caracterizada por su espectacular triunfo en el Derby de Jonrones previo al Juego de las Estrellas.

Céspedes admite que no le satisfizo su rendimiento general en 2013 y por eso ha trabajado bastante tanto en el incremento de su fortaleza física como en algunos cambios en su swing con la finalidad de ser más consistente a la ofensiva.

“He estado trabajando en un ejercicio para acortar el swing y hacer mejor contacto con la bola, espero que me de buenos resultados”, declaró Céspedes poco antes de irse a los Entrenamientos de Primavera. “Posiblemente me vaya a quitar un poco de poder, pero me va a quitar no más de 10 pies. En lugar de dar un jonrón a 430 pies lo voy a pegar de 410, pero lo bueno de eso es que podré hacerlo con más frecuencia”.

Una cosa es decir eso y otra encontrar la fórmula para obtener los resultados anhelados de una temporada a la otra. Céspedes sabe que los lanzadores hicieron ajustes para lanzarle en 2013, pero que él no pudo hacer lo necesario para contrarrestar esa medida.

La pretemporada de 2014 no fue precisamente un dechado de virtudes, ya que en su busca de ese swing ideal apenas promedió .167, aunque se notaba a leguas que le estaba dando mucho más fuerte a la bola al retornar los Atléticos al norte de California para la tradicional Serie de la Bahía ante los Gigantes de San Francisco.

“Me estoy sintiendo mejor, pero todavía no lo he encontrado”, dijo con sinceridad a Béisbol por Gotas la tarde del sábado 29 de marzo, a poco más de 48 horas para que se diera la voz de Play Ball en el Coliseo de Oakland con miras al primer juego frente a los Indios de Cleveland.

Un swing perfeccionado de Céspedes pudiera ser la varita mágica para el éxito de los Atléticos en un Oeste de la Liga Americana que luce como una batalla de tres felinos entre Oakland, los Angelinos y los Rangers de Texas, un gato en formación como lo es el conjunto de los Marineros de Seattle y un manso corderillo, como lo es el equipo de los Astros de Houston.

De paso, Céspedes tiene la habilidad natural para sumar una temporada con promedio de .300, 30 jonrones, 30 bases robadas y 100 carreras impulsadas que no solamente pudiera guiar a Oakland hacia el tricampeonato sino que paso motivaría al alto mando de la franquicia de uniforme verde y oro a extenderle su pacto por varias campañas más.

A los Atléticos parece no preocuparles para nada que Céspedes no se hubiese encontrado aún con el swing que anda buscando porque lo conceptúan como ese tipo de bateador que le puede cambiar la decoración a un juego en cualquier momento.

“Es un hombre que suele ser capaz de encenderse y éso lo vimos el año pasado en septiembre una vez se acercase la postemporada”, enfatizó Melvin a una pregunta de Béisbol por Gotas. “Como todo el mundo, ha estado haciendo ajustes para tratar de mejorar. Uno a veces forcejea al trabajar en algunas cosas y tiende a revertir a lo que hacía en el pasado.

“Trata de buscar la fórmula que se acople más a él, pero es bueno ver que sus mejores turnos de toda la pretemporada se han producido recientemente”, analizó Melvin.

Quizás el swing de Céspedes no esté al ciento por ciento todavía, pero una cosa no ha cambiado: su optimismo con relación a los Atléticos.

“Yo no sé si seremos los favoritos, pero sé que el equipo de Oakland va a ir de nuevo a los Play-Offs”, proclamó el jardinero de 28 años. “No sé cómo, pero sé que sí lo haremos”.

Hasta pronto y, por favor, nunca pierdan la esperanza.


El plato, hogar sagrado, con o sin controversia

Manolo Hernández Douen

Todos esperaban el choque, en el parque, por TV, hasta los que escuchaban por radio.

El corredor iba embalado, el receptor esperaba el tiro, rugía el soberano en las tribunas.


Sí pueden producirse jugadas emocionantes en el plato sin encontronazos, pero éste no es siempre el caso. 
(Foto de un mural en el Salón de la Fama del Béisbol Japonés).

Mike Scioscia recibió el disparo, Jack Clark lo embistió fieramente, pero cuando se disipó la polvareda, el umpire examinó al receptor, que desmayado y todo no soltaba la bola.

¡Out Clark en el plato!

No, no es una bestialidad. No, no es un crimen. Así se jugaba la pelota, desde la propia cima del apasionante mundo del diamante hasta las ligas preinfantiles.

Scioscia, el hoy dirigente de los Angelinos de Anaheim, fue uno de los que se hicieron famosos por su valentía al bloquear efectivamente el plato cuando era el receptor estelar de los Dodgers de Los Angeles.

El home, el plato, el hogar, no es algo que nadie nunca ha estado dispuesto a regalar, ni el corredor, ni el receptor. Catcher que no bloqueaba o atacante que no embistiera corrían hasta el riesgo de ser regañados luego por sus propios compañeros de equipo.

Valga esa presentación porque precisamente ahora, en 2014, a casi dos siglos del nacimiento de las Grandes Ligas, se va a producir un interesante experimento relacionado precisamente al plato.

La idea es prohibir lo que las Grandes Ligas consideran como “choques atroces”. Traducción: hay que evitar que el plato se convierta en escenario de una masacre y a la vez sin quitarle emoción a lo que suele ser uno de los lances más electrizantes de este deporte: anotar una carrera en jugada cerrada.

Vamos a estar claros en algo: los encontronazos en el plato no los va a evitar nadie al 100%. Son parte de la propia esencia del béisbol.

El propio Joe Torre, vice presidente ejecutivo de las Grandes Ligas que en sus tiempos de pelotero fue un excelente receptor, considera que los choques en el plato son “inevitables”.

Si viene el tiro al mismo tiempo que el corredor, ninguno de los dos protagonistas va a dar su brazo a torcer, especialmente si el desenlace del juego depende del ello.

Si el disparo viene antes, pero justo por donde viene el corredor, tampoco se van a pedir excusas sobre quién debe tener “derecho” a ese importante sector del terreno, donde no hay ninguna luz de semáforo que advierta rojo, verde o amarillo.

De hecho, si el corredor llega deslizándose a toda velocidad - ¿acaso se puede hacer de otra manera?- también se van a dar casos de tremendos –y emocionantes- encontronazos.

Pero el intento es evitar que esos choques sean a propósito y en eso tiene que estar totalmente de acuerdo todo el mundo en el Béisbol de Lujo.

No es nada gracioso que un receptor tenga que ver los toros desde la barrera por mucho tiempo debido a una conmoción cerebral que pueda evitarse.

Una de las principales causas de encontronazos tras los cuales el receptor queda tendido como un boxeador luego de recibir un bestial derechazo de su oponente es precisamente culpa del propio careta, el bloquearle el camino al corredor sin tener la pelota en su poder. Es por eso que uno de los aspectos de la nueva regla prohibe esa posibilidad.

La otra causa principal para los encontronazos es cuando el corredor se sale de su camino, sin deslizarse, codo por delante, en busca de un receptor que ya tiene asegurada la pelota. El umpire tendría la potestad de cantar automáticamente out, en ese caso, al hombre que intente anotar de esa manera.
 
Con esas dos medidas que tienen más sentido común que cualquier otra cosa se van a evitar muchos de esos “choques atroces” en la base madre.
 

Por supuesto, le llevará un tiempo, tanto a los receptores como a los corredores, acostumbrarse a esta “rutina de trabajo” porque obviamente vienen preparándose desde niños a jugar de la otra manera más tradicional. Un corredor que no esté debidamente preparado física y mentalmente para ajustarse a la nueva regla pudiera fácilmente lesionarse si no hace el ajuste al llegar al hogar.

Curiosamente, el fuerte movimiento de ideas que tuvo como desenlace la nueva regla se derivó de una jugada que fue conceptuada como “limpia”.

Sí, es verdad. Aquella noche en la que se lesionó terriblemente en el plato el gran receptor de los Gigantes de San Francisco, Buster Posey, todos y cada uno de sus propios compañeros de juego estuvieron de acuerdo en que no hubo nada ilegal de parte del corredor en el encontronazo.

De hecho, uno de los compañeros de Posey, el otrora receptor Pablo Sandoval, conserva en su teléfono el video de una jugada en la que se posicionó muy bien en el plato, pelota en mano, a sabiendas de que lo que venía era una locomotora. El orgulllo de Puerto Cabello, Venezuela, recuerda satisfecho que se lo llevaron como a tres metros del plato del puro golpe, pero no aflojó la bola para nada. ¡Out el corredor!

Es necesario puntualizar que los encontronazos en todas las bases, con excepción de la primera, pertenecen al propio sabor de este deporte. ¿O es que acaso cree usted que el corredor que va hacia la intermedia en busca de romper una doble matanza lo hace con un ramo de flores para el fildeador?

No obstante, así como está regulado como ilegal lo que le hizo Matt Holliday al intermedista venezolano Marco Scutaro en la Serie de Campeonato de 2012, al pasarse de la segunda base para llevárselo por delante, los cambios en el plato se hacen precisamente para evitar que el béisbol se parezca demasiado al fútbol americano, un deporte en el que el fuerte contacto físico es el pan nuestro de cada día.

Bienvenida sea la nueva regla, siempre y cuando reduzca a lo mínimo el peligro de las lesiones y que a la vez se comprenda la importancia que tiene la electrizante jugada en el plato para la vida misma del apasionante mundo del diamante.

Hasta pronto y, por favor, nunca pierdan la esperanza.